“No pain, no gain”… y una buena leche

Sí, todos lo hemos escuchado, se repite como un mantra: “No pain, no gain”. Sin embargo, yo no estoy nada de acuerdo. No creo que la recompensa venga después del dolor porque sencillamente no me gusta el sufrimiento y, además, creo que no estoy equivocado. Admito el valor del esfuerzo, pero de ahí al sufrimiento hay un largo trecho.

De los nuevos runners, de los que han aparecido de diez años para acá, podríamos decir que soy de los antiguos. Llevo más de diez años practicando este deporte, con mis entradas y mis salidas. ¿Qué ha provocado mis salidas? Pues precisamente el sufrimiento. ¿Por qué he vuelto a correr? Por el placer. Esta es mi ecuación. Para mi la frase se debería reformular: “Sin placer, no hay ganancia (recompensa)” y eso es lo que persigo en cada uno de mis entrenamientos.

Llevo más de diez años corriendo y no tengo marcas deslumbrantes. No tengo ninguna carrera que la pueda comparar con la de cualquiera de mis amigos, durante mucho tiempo he sido siempre el que peores tiempos ha cosechado (y creo que así sigue siendo). ¿Quiero mejorar? Sí, pero para mi mejorar no es hacer mejores marcas, es no sufrir, hacerlo cada vez más sencillo… y en ese camino estoy y en ese camino sigo.

Como ya he dicho antes he tenido momentos de sufrimiento, de lesiones que me han retirado del ejercicio durante un tiempo y, sinceramente, prefiero correr poco (o lento) a plantearme esto como una obsesión. Entreno, claro que sí, pero mi objetivo no es entrenar para ser “el mejor”, mi objetivo es plantearme un reto y cumplirlo.

Nunca ganaré una carrera, tampoco seré nunca el primero, el segundo o el tercero de mi categoría, nunca abriré un periódico deportivo por mis marcas (ni por ninguna otra cosa),… pero quizá sí que gane en ilusión.  No es que apueste por el conformismo, en absoluto, ya dije al principio que lo que admito el esfuerzo, pero no el dolor, que es de lo que habla esa famosa frase y para mi son dos cosas distintas.

Pasé muy malas épocas, incluso he estado a punto de colgar las zapatillas en más de una ocasión, pero siempre había algo que me llamaba en esto de gastar suela en el asfalto. Sabía que se podían hacer las cosas de otra manera y por eso desde septiembre de 2017 me puse en contacto con mi entrenador, Manuel Sola (msa.training). Hasta entonces había entrenado un poco a tontas y a locas, creyéndome los planes de las revistas que habían escrito gente que no me había visto nunca la cara o siguiendo con fe ciega los que me programaba el pulsómetro. Como Manuel Sola diría: “Café para todos”, aunque de eso ya hablaré otro día. El caso es que me puse en sus manos para disfrutar de esto y no sufrir y, aunque siempre hay baches, lo vamos consiguiendo.

Como en el mitridatismo “la dosis hace el veneno” y por eso entreno, para cargarme de esas pequeñas dosis de veneno que me hagan tolerar el esfuerzo de una carrera, sin más pretensiones, pero también sin sufrimiento. Por eso entreno: para apartar el dolor. Mi objetivo es vivir, no morir en el intento. No compito contra nadie, sólo me esfuerzo por mi y sin la necesidad de tener que dar cuentas a nadie.

En definitiva: ¿Para qué sufrir si puedes disfrutar?

 

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